Retratos de Vidas Intensas. Todos Santos en Bolivia.
Mastaku (voz quechua):
Celabración de la vida y la muerte y ofrendas a las almas.
Desde Bolivia. La historia de Marcela.
Doña Marcela es la cocinera del orfanato de Sucre donde voy a dar clases de fotografía por la mañana. Cuando llego, siempre me saluda con una sonrisa y me da a probar lo que está cocinando. Inevitable fijarme en sus manos, grandes y rugosas, que contrastan con su rostro amable y enternecido por su mirada de niña, pese a que aparenta más edad de la que tiene. El otro día me enseñó su carnet de identidad: 56 años; “vividos intensamente”, me apuntilla. Marcela lleva trabajando desde los siete y nunca llegó a conocer a su madre. Se ha ganado la vida en el campo, doce años en una mina, también trabajando duramente en obras de construcción y cocinado para otros. Además de todo esto, ha sido capaz de criar a ocho hijos al mismo tiempo. “Ningún hombre me ganaba nunca en resistencia”, dice orgullosa. Ahora su sueño es viajar: “Quiero seguir trabajando en Brasil o en España. Me metería en su maleta…”
Un paseo por Sucre, Bolivia.
Sucre, La Ciudad Blanca, llamada así por el color de sus casas en el centro histórico, es la capital constitucional y cultural de Bolivia. Asentada sobre siete colinas a 2800 metros de altitud, disfruta de un clima templado en comparación con otras ciudades bolivianas.
La ciudad despierta pronto, a las 6 am ya se empieza a oir el bullicio del inicio de la actividad diaria de sus gentes.
Dancer in the Dark.
Dancer in the Dark. Una pareja baila en la oscuridad. Reykjavík (Islandia). Agosto 2011
Jokulsarlon, paraíso glaciar en Islandia.
Enormes bloques de hielo flotan a la deriva en medio de la laguna de Jökulsárlón. Son los icebergs, que se desprenden de la lengua del glaciar Vatnajökull, en el Parque Nacional Skaftafell, en Islandia. Un caleidoscopio de colores, según el tono del reflejo del cielo que haya en cada momento, que van del blanco, a varias tonalidades de azul, maravillan nada más llegar a este edén helado.
El otro día tuve la oportunidad de llegar hasta allí, contemplar este paisaje y fotografiarlo después de unas cuantas horas de viaje desde Reijkavyk. Me emocioné ya desde la ventana del autobús, sólo con ver aparecer los primeros icebergs suspendidos en el agua.




























